Todo
comenzó entre bromas y risas en el verano de 1930 cuando
Dionisio de la Huerta, Manés Fernández y Alfonso Argüelles
bajaron en piragua desde Infiesto a Ribadesella por los ríos
Piloña y Sella. Al año siguiente la excursión
se inició en Arriondas, quedando el lugar de salida institucionalizado
para el futuro.
La
competición comenzó en 1932, siendo inicialmente
de carácter local y provincial. Ya en 1935 adquirió
categoría nacional con la participación de piraguas
cántabras y en 1951 se convirtió en internacional
con el debut de portugueses, franceses e italianos.
Con
el tiempo, muchas de las novedades ensayadas por Di??onisio de
la Huerta, fundador, promotor e imaginativo organizador de esta
fiesta y competición, fueron fraguando y convirtiéndose
en parte intrínseca de lo que es hoy en día la Fiesta
de las Piraguas, competición y fiesta única en el
mundo por su espectacularidad, colorido, belleza y originalidad.
Los
días previos a la competición las calles de Arriondas
se llenan de piragüistas, aficionados y espectadores de todo
el mundo. El viernes, abren los actos las autoridades que representan
a los dos municipios, Parres y Ribadesella, y a la ciudad a la
que se dedica el Descenso, para continuar con el desfile de equipos
participantes y la izada de banderas bajo el puente de Arriondas.
La romería continúa durante toda la noche. A la
mañana siguiente, la llegada del tren fluvial procedente
de Oviedo y Ribadesella marca el comienzo del desfile de todo
tipo de personajes ataviados de formas singulares y, por supuesto,
con el obligado collar de flores, vehículos engalanados
y grupos folclóricos, todo ello presidido por Don Pelayo,
reyes asturianos y autoridades que observan desde la tribuna.
A las 12 en punto, se da la salida.
No
hay nada más emocionante para un piragüista que esos
momentos previos cuando se leen los versos que tantas veces oyéramos
a Dionisio de la Huerta –que tiene ??un busto erigido en
los jardines de la plaza de Venancio Pando o del Ayuntamiento–
con su inconfundible voz diciendo:
Por
orden de Don Pelayo
después de medir las aguas
nuevamente se autoriza en Arriondas
la carrera de piraguas.
Sabe
el palista que cuando la multitud cante emocionada «Asturias
patria querida» faltan sólo unos segundos para que
1.000 piraguas multicolores cubran el río en una explosión
de acción, fuerza y belleza. El marco es incomparable.
Mientras
en las aguas del Sella las piraguas luchan por llegar al puente
de Ribadesella, por la margen derecha avanza en la misma dirección
la caravana automovilística y por la izquierda lo hace
el tren fluvial, que realiza estratégicas paradas para
que los pasajeros se bajen a ver las piraguas desde la orilla.
La meta es bajo el puente de Ribadesella, donde, en un monolito,
figuran los nombres de todos los vencedores absolutos del Sella.
Tras la llegada de los participantes se retrocede a los Campos
de Oba, en Llovio, donde tiene lugar una comida campestre y posteriormente
la entrega de trofeos, todo ello entre el sonido de las gaitas
y bailes folklóricos asturianos.